Los estudios de neuromarketing y de neuroventas son muy requeridos por las empresas, tanto en Europa como en Estados Unidos, y, poco a poco, están comenzando a instalarse en nuestro país. Esto se debe a que su nivel de profundidad, en relación al mapeo de las zonas cerebrales que se activan durante el proceso de decisión de compra de los consumidores, es preciso, exacto, y 100% fidedigno.
Lo que sucede es que, en la actualidad, es posible medir y analizar, mediante cascos de electroencefalografía inalámbricos, medidores de signos vitales y anteojos rastreadores de la mirada, lo que realmente piensa y siente un cliente ante un producto, una publicidad, o una presentación de ventas.
De esta manera, se puede recabar información mucho más personal, y hasta inconsciente, algo que es muy difícil de obtener en las entrevistas personalizadas y en las encuestas.
Esto puede resultar altamente beneficioso para el desarrollo de campañas de ventas exitosas, pero también roza el límite con la invasión a la privacidad. Es por ese motivo que aparece la necesidad de regular las actividades relacionadas con la neurociencia y la neurotecnología y es así que surgen los neuroderechos, que tienen como objetivo fundamental proteger la privacidad mental.
¿Qué son los neuroderechos?
Los neuroderechos aparecen como consecuencia de los grandes avances que se están desarrollando en el campo de la neurociencia y la neurotecnología, disciplinas que resultan altamente beneficiosas para estudiar el comportamiento de los consumidores.
Es que los estudios de neuromarketing y neuroventas permiten generar estrategias de marketing y de venta más precisas, debido a que, gracias a las neurociencias, somos capaces de leer la mente del consumidor, lo que nos permite acercarnos a él de una manera íntima y profunda, por primera vez en la historia de las relaciones comerciales.
Sin embargo, este cambio de paradigma, sumado a otros, potenciados por el desarrollo de los entornos digitales y por la propia transformación de los consumidores, que ahora tienen, paradójicamente, mucha más voz y voto en relación a sus decisiones de compra, presenta un nuevo desafío para las marcas y las empresas: el manejo de la ética.
En la actualidad, ya no hay mucho margen para cometer errores: una campaña de desprestigio viralizada en redes sociales tira por la borda años de construcción de una imagen de marca coherente y atractiva.
Pero, además, el mal manejo de esas opiniones, deseos, y necesidades tan personales de los clientes, cruzaría límites tales como la invasión a la privacidad. Y un dilema parecido surge en relación con la Inteligencia Artificial, que tanto se está debatiendo en la actualidad.
Por eso, en relación con ambas problemáticas, se está empezando a discutir la creación de un nuevo marco jurídico internacional de Derechos Humanos, centrados, específicamente, en el impacto que la neurociencia y la neurotecnología tendrán en la vida de las personas en un futuro ya no tan lejano.
De esta manera, surge el concepto de los neuroderechos, que son un conjunto de nuevos Derechos Humanos, cuyo objetivo es proteger al cerebro y a su actividad, y que incluye entre otros:
-
Privacidad cerebral: El derecho a la privacidad y la protección de la información personal generada por las tecnologías de monitorización y manipulación cerebral.
-
Integridad cerebral: El derecho a la protección de la integridad física y psicológica del cerebro frente a cualquier tipo de intervención o manipulación no consensuada.
-
Libertad mental: El derecho a la autonomía y la libertad de pensamiento sin interferencias externas indebidas.
-
Acceso equitativo a la tecnología cerebral: El derecho a acceder y beneficiarse de las tecnologías cerebrales de manera equitativa, sin discriminación.
-
Consentimiento informado: El derecho a recibir información completa y comprensible sobre los riesgos y beneficios de las tecnologías cerebrales, y la capacidad de dar un consentimiento libre e informado para su uso.
A su vez, algunos organismos e instituciones, están trabajado en el desarrollo de un código deontológico específico para aquellos que trabajan en campos que se valgan del uso de la neurotecnología, como así también en una especie de juramento hipocrático, llamado juramento tecnocrático, para las empresas que hayan mostrado su interés en las aplicaciones de esta disciplina.
Por lo tanto, la venta emocional, el marketing de los sentidos, las neuroventas y el marketing de contenidos, son algunas de las especialidades que, a la hora de generar estrategias y acercamientos con los clientes, tienen que focalizarse en recorrer, de la mejor manera posible, ese delgado camino que separa la manipulación, de la creación de una experiencia de compra altamente satisfactoria y positiva para sus consumidores.